NUESTRO SWING, NUESTRA FIRMA… CONFIEMOS…

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Descubramos lo que mejor funcione para nuestro swing. Nuestro swing es nuestra firma. Es exclusivamente nuestro…

Descubramos nuestro swing, confiemos en él y mantengamos nuestro compromiso con él. Un swing que encaje mecánicamente con nuestro ritmo de cuerpo, nuestra flexibilidad, nuestra fuerza y nuestra personalidad es un componente importante para alcanzar nuestro potencial.

El swing requiere cierto trabajo de mantenimiento; trabajo que involucra controlar factores como el grip, la alineación, la postura, el tempo, la posición de la pelota, el equilibrio, etc. Cuando hayamos decidido lo que requiere trabajo, es imprescindible que se realice.

Debemos aprender a conocer nuestro swing y a descubrir cómo mantenerlo. Seamos conscientes de nuestras tendencias y comprobémoslas cuando nuestro juego se pierda…

Hacer cambios en nuestro swing durante los períodos de bajo rendimiento resulta habitualmente innecesario y contraproducente.

Si nos proponemos hacer un cambio de swing, debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • ¿Realmente queremos realizar el cambio?
  • ¿Sabemos lo que queremos o necesitamos cambiar?
  • ¿Sabemos CÓMO vamos a hacer el cambio y CÓMO sabremos si éste se ha completado con éxito?
  • ¿Qué mecánica de retroalimentación vamos a utilizar para comprobar que el cambio esté completo?

Antes de empezar a efectuar cambios nos deberíamos hacer cuatro preguntas:

  1. ¿Qué causa mi error de swing?
  2. ¿Soy capaz (física, cognitiva y emocionalmente) de realizar los cambios?
  3. ¿Cuánto tiempo necesitaré para efectuar el cambio?
  4. ¿Durante cuánto tiempo se verá afectado mi rendimiento mientras se produce el proceso de cambio?

Cuando se realizan cambios en el swing estos pueden empeorar antes de mejorar.

A medida que seamos más conscientes de la existencia de áreas de mayor tensión en nuestro swing, estas zonas se convertirán en el centro de atención para remediarlo.

Los cambios de pre-swing (por ejemplo la separación de los pies o los cambios de postura) suelen ser más fáciles de asimilar que los cambios de swing.

Simular el entorno emocional en el que queremos que el swing funcione resulta imprescindible si queremos competir con nuestro nuevo swing. Aunque estemos intentando cambiar nuestro swing, es esencial que practiquemos con un objetivo. Si simulamos golf mientras entrenamos el cambio de swing, el tiempo que necesitaremos para trasladar ese cambio al campo de juego se reducirá considerablemente.

Un swing que nuestro cuerpo pueda realizar, eso es lo que necesitamos para poder alcanzar nuestro máximo potencial… No lo olvidemos.

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