UNA ACTITUD DE JUEGO FAVORABLE… CRUCIAL EN EL GOLF…

Muchos afirman que el gran poder de Tiger Woods está en su capacidad mental. Se sabe ganador y muestra una increíble seguridad en su juego; una seguridad que según muchos es la que le permite no fallar ante golpes de difícil realización, lo que lo lleva inevitablemente al triunfo final…

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El golf es un deporte que nos obliga a jugar contra nosotros mismos, con el inconveniente añadido del “tiempo muerto” que tenemos que sufrir en cada partido (un partido dura una media de 3 a 4 horas, de las cuales el tiempo invertido en juego efectivo es de cuatro minutos y medio, considerando un promedio de 4 segundos por swing)…

El tiempo que pasa entre golpe y golpe nos sirve para recapacitar, para pensar lo que estamos haciendo mal, para escuchar comentarios por todos lados,… en definitiva, para meternos una mayor presión. Si técnicamente los jugadores pueden tener un nivel medio de juego muy similar, efectivamente tiene que existir un elemento diferenciador que convierta a unos en triunfadores y relegue al resto al final de la lista. La clave para muchos se encuentra en la capacidad psicológica, entendida como conjunción perfecta entre el cuerpo y la mente a la hora de desarrollar nuestro juego.

¿Por qué unos jugadores muestran un mayor poder psicológico que otros?… ¿Es posible el entrenamiento mental?…

Los factores que influyen en la capacidad psicológica de cada jugador son muchos y muy variados: el poder de concentración, la confianza en uno mismo, la fuerza mental,… todas ellas pueden y deben ser entrenadas para sacarles el máximo rendimiento en el juego.

Unión cuerpo/mente…

El “juego interno”, como lo denomina Jack Nicklaus, es hoy por hoy una de las partes más importantes dentro del entrenamiento de cualquier golfista. Junto con los obstáculos propios del campo, el jugador se va a encontrar con una serie de obstáculos mentales, quizás más difíciles de superar que los anteriores ya que en este caso se trata de una lucha contra uno mismo. Estos obstáculos mentales dificultan el juego enormemente, impidiendo que el golfista pueda obtener los resultados esperados. El principal obstáculo por el que pasan muchos jugadores es el de la capacidad de concentración. Hay quien no consigue centrarse en su juego hasta pasados varios hoyos; lo que conlleva, en el mejor de los casos, un peor resultado del esperado, pero que en muchas ocasiones suele llevar al nerviosismo y por tanto al desastre final en la tarjeta.

Si algo debemos tener claro es que todos los hoyos tienen la misma importancia; tanto los primeros como los últimos van a ser contabilizados en el cómputo global y por tanto todos deben afrontarse de la misma forma. Por lo tanto, debemos salir al campo con el máximo grado de concentración posible desde un principio.

Para conseguir concentrarnos, lo primero que debemos hacer es identificar las causas que llevan a la distracción, ya sean externas o internas. Una vez que sabemos contra qué luchamos podremos realizar ejercicios de concentración que nos ayuden a controlarlos. Debemos ser conscientes además de que es enormemente difícil mantener el mismo grado de concentración a lo largo de las aproximadamente cuatro horas que durará el partido, por lo que es preferible intentar centrar esta concentración en el momento del golpe, dejando el tiempo perdido entre golpe y golpe para relajarnos (aunque nunca en exceso).

Otro de los obstáculos mentales que más se presentan en el jugador, tanto amateur como profesional, es la falta de confianza en uno mismo.

A muchos jugadores les cuesta verse como ganadores de un torneo y en consecuencia juegan con miedo. Al enfrentarnos a un partido debemos ser plenamente conscientes de nuestras posibilidades, para no exigirnos más de lo que podemos dar, pero nunca infravalorarnos. Muy por el contrario, siempre debemos estar plenamente convencidos de que podemos ganar o, cuando menos, de que podemos mejorar nuestro último resultado. Tener expectativas reales es algo fundamental: un jugador que conoce sus metas y adecua a ellas su juego, disfrutará mucho más y en consecuencia obtendrá mejores resultados.

En relación con esto último tenemos otra de las causas principales del bajo rendimiento mental: el ansia de resultados; algo que suele suceder principalmente en jugadores jóvenes o que pasan por una mala racha.

La necesidad de victoria puede convertirse en un verdadero handicap para conseguirla realmente, ya que el jugador se impone a sí mismo una enorme tensión psíquica difícil de sobrellevar. Esta excesiva tensión puede llegar a bloquear al jugador, tanto física como mentalmente y en consecuencia no se verá capaz de desarrollar un juego fluido y con los resultados necesarios.

Existen otros muchos obstáculos de tipo psicológico: estar permanentemente pendiente del juego del contrario, buscar el golpe perfecto, tener pánico a golpear una pelota, etc… Todos ellos deben ser contemplados como problemas puntuales y tratar de entrenarse para darles una solución, de la misma forma en que lo haríamos si tuviéramos un problema de slice.

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Consejos…

  • Mantener la concentración por medio de la tranquilidad: si somos capaces de mantener la compostura y concentración después de dar varios golpes malos, con total seguridad no realizará tantos
  • Mantener la tranquilidad es fundamental, por lo que deberemos buscar una fórmula que nos permita permanecer tranquilos incluso en la peor situación
  • Conservar el grado de tensión óptimo: probablemente uno de los principales consejos que se pueden dar. Mantener un grado de tensión óptimo significa no relajarnos, pero tampoco llevar al campo una tensión excesiva con la que sólo conseguiremos distorsionar nuestros golpes
  • Sin complejos: dirijámonos a pegar cada pelota recordando nuestros buenos golpes, con la ilusión de repetirlos o incluso de mejorarlos. Si los hemos hecho una vez, podemos repetirlos
  • Disfrutar jugando: al fin y al cabo, el golf es un juego y como tal debe divertirnos, ya que de otra forma acabará por aburrirnos. Disfrutemos con los golpes buenos y tratemos de olvidar cuanto antes los malos
  • Sintámonos cómodos: si uno se encuentra incómodo difícilmente conseguirá pegarle bien a la pelota. Tengamos en cuenta que el swing no es una ciencia exacta, por lo que debemos procurar realizarlo de la forma que nos haga sentir más cómodos
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