REFLEXIONES SOBRE EL SER Y EL GOLF…

reflexiones

El pensamiento nos convierte en el tipo de ser que somos, la razón es lo que nos hace humanos… “Pienso, luego existo”…

El filósofo alemán Martín Heidegger, critica los supuestos anteriores, él sustituye “el ser” por el “ser–en-el-mundo”. Esto porque no puede separarse ser y mundo, sujeto objeto. No hay un ser que no esté en el mundo.

No todo es centrarse en el “ser” sino que también hay que mirar lo que “no es”, de allí las reflexiones de Nietzsche sobre “el ser y la nada”… El ser humano puede ser visto como un proceso en el que estamos permanentemente huyendo de la nada, mientras que al mismo tiempo somos impulsados hacia ella, buscándole así un “sentido a nuestra vida”.

Nietzsche, además, une la experiencia de la nada, a la emoción “miedo”. El miedo de los seres humanos a la experiencia de la nada…

Entonces, el mundo exterior cambia de acuerdo a quién o cómo es interpretado. Un mismo objeto puede resultar diferente para dos diferentes observadores.

Quienes jugamos al golf debemos entender en profundidad la “esencia del juego”, lo que yace en su espíritu. Podríamos preguntarnos ¿qué es “ser” en el golf? Cómo se juegan estas cuestiones filosóficas en un deporte que continuamente nos desnuda, y nos lleva a cuestionarnos y a conocernos.

En su mayoría, los golfistas nos manejamos desde la razón. Si pensamos lo correcto, elegimos lo correcto y hacemos lo correcto, la pelota debería meterse en el hoyo. Cuando incorporamos la técnica del swing, también hacemos un esfuerzo por “ser racionales”, entender a nuestro profesor y repasar todo paso a paso objetivamente. Creemos poseer la verdad de cómo deben ser los acontecimientos. El entorno (la cancha de golf) está ahí afuera esperando ser conquistado por nosotros, y nosotros esperamos disfrutar del poder que ello nos daría.

Por supuesto que los que jugamos golf ya sabemos lo que sigue a continuación…

  • La razón, el pensamiento técnico tensiona y dificulta la fluidez del swing
  • Las emociones asaltan lo racional
  • Nuestras verdades se ven cuestionadas y eso nos enoja
  • Descubrimos que el poder del fin de semana pasado ya no lo tenemos, y pasamos de “ganadores” a “perdedores”
  • Nos olvidamos de la belleza del lugar y de lo afortunados que somos por estar allí y nos enceguecemos de rabia
  • Queremos controlar lo exterior y nos descontrolamos

En la vida cada cosa que hacemos en general no es hecha con la atención puesta allí; prima la actividad no reflexiva, no pensante del ser humano. Actuamos en automático, como cuando manejamos un auto o subimos y bajamos escaleras. Tampoco nos adelantamos al movimiento que haremos a continuación. Éstas características diferencian la acción transparente de la acción racional –por lo general forzada-.

Ahora, que no lo estemos razonando no implica que no lo hagamos bien…

Simplemente nos desplazamos en sintonía con el mundo, sin detenernos a pensar en él. Fluimos en el mundo, ya no hay un sujeto y un objeto, esta separación ocurre cuando sucede un quiebre… Por ejemplo, si casi chocamos con el auto, ahí nos ponemos alerta y conscientes de los movimientos o acciones que veníamos realizando.

Aquella vuelta de golf que no olvidamos, donde nos parábamos y sabíamos que la pelota iba al objetivo, donde ese putt con caída ya estaba adentro y donde los hoyos pasaron y al llegar al 18 jugaríamos 18 más; esa vuelta la jugamos en sintonía… Fuimos “uno” con el campo de juego… No teníamos una verdad única e inmodificable, sino que íbamos transformando paso a paso, tiro a tiro, nuestro “estar en el mundo”.

En las vueltas malas, el error emerge en nuestro campo de atención, nos saca del fluir, nos lleva a interpretar racionalmente nuestra acción, nos juzgamos y nos culpamos.

Ahora bien, lo interesante es que lo que permitió este exabrupto fue otro “juicio”; nosotros esperábamos “el tiro perfecto” o por lo menos esperábamos “no errar”. El error se nos aparece como “no esperado” y eso nos saca del “fluir”.

Hacemos juicios y muchos, sobre lo que es normal esperar y son ellos mismos los que frente al quiebre, nos llevan a la desesperación.

Cuanto más bajo handicap tenemos y más automatizada la técnica está, más fluimos. El jugar bien al golf no es producto de un dominio de la razón. La razón deberá entonces sumarse al todo, y re-ubicarse en el pre-golpe, donde una buena evaluación, analítica y minuciosa, nos da certezas.

Por supuesto que existe una gran dificultad para nosotros los golfistas en dejarnos fluir. La existencia humana nos lleva a hacernos cargo de los acontecimientos, tenemos intenciones, actuamos, no podemos descansar en un simple fluir, buscamos, queremos tener un sentido para nuestra vida.

Vivimos angustia en el campo de juego. Cuando creíamos tener el swing armónico, la clase entendida y un buen ánimo para “romper la cancha”, nos paramos en el tee del hoyo 1 y… drive fuera de límites.

Un consejo…

Antes de jugar imaginemos el campo de golf, nosotros en él, solo siendo nosotros mismos, no esperando nada pero viviendo todo, buscando lo óptimo de acuerdo a nuestras posibilidades… Siendo transparentes con nosotros mismos. Viviendo el presente, desprendiéndonos de lo “no esperado”… No esperemos nada, ya que nuestros pensamientos no deben ir ni hacia el futuro ni hacia el pasado, deben estar enfocados en el aquí y el ahora… En el tiro que vamos a jugar.

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