DEBEMOS REPETIR UNA ACCIÓN PARA AUTOMATIZARLA…

repetición

Son cerca de diez mil veces las que se tiene que repetir una acción para automatizarla.

Nos preparamos para el golpe, afirmamos los pies, inclinamos el cuerpo, las manos se alinean, nuestro sistema visual se encarga del primer cálculo… El cerebro registra el cálculo y establece en milisegundos la fuerza del impacto necesario para que la pelota vuele hacia el objetivo que tenemos… Levantamos el palo, miramos la pelota, contenemos el aire… ¡Allá vamos!

Comenzamos  el movimiento y mientras éste se desarrolla nos preguntamos si habremos calculado bien, si no nos habremos apurado… Y en nuevos milisegundos empezamos a sentir la incomodidad que me anuncia que el impacto no va a ser el esperado… Nada podemos hacer para detenerlo, el cerebro ya envió información a las manos y los pies, el swing ya está en marcha… Horror… Una vez iniciado el swing no podemos corregirlo en el recorrido.

Entonces, si sabemos que no debemos levantar la cabeza hasta que terminemos el golpe, nuestros ojos se mueven para encontrar la pelota en el aire, elevándose, elegante… Pero definitivamente la pelota no aparece en nuestro campo visual… Nuestros ojos, resignados, vuelven al suelo y ahí está nuestra pelota, inmutable.

Nuestro golpe fue directo al aire que rodea la pelota de golf… Sabemos que es de golf, pero en nuestra mente impresiona como una pelota de fútbol a la que no pudimos atinarle.

La ira nos inunda, ya no nos importa el color del cielo, ni los verdes del campo, ni el aire, ni nada de nada. Lo único que nos importa es la falta de certidumbre en el tiro y no soportamos la idea de haber hecho un intento tan malo…

Evaluamos la situación y caemos en la cuenta que nuestra práctica de golf se limita a unas 4 horas de las 168 que tiene la semana… No son muchas las que invertimos en el pulido de nuestra técnica.

Los golpes que vamos aprendiendo van dejando una huella motora que se utiliza una y otra vez en cada situación que se asemeje. Cuanto más utilizamos esa huella, más profunda se hace, y el resultado es una mejora en nuestros golpes. Es la liviandad en la acción, haciendo que nuestra habilidad sea hacer parecer fácil lo extremadamente difícil.

Las habilidades se aprenden por repetición, no hay magia sin práctica. Cuanto más practicamos más posibilidades tenemos de que nuestra intención se condiga con la acción.

Ahora bien, sabiendo esto, ¿por qué nos ponemos una vara tan alta a la hora de jugar?… Tenemos más probabilidades de seguir pegándole al aire, hasta que logremos armar una huella motora adecuada.

Mientras tanto, tengamos paciencia. Aunque nos cueste, tengamos paciencia, dejemos que entre en nuestra conciencia y empecemos a entender que el golf requiere tiempo y dedicación y que si no podemos dárselo, nuestro objetivo tiene que ser un poco más bajo, tiene que ser un objetivo alcanzable para no enfrentarnos con una frustración segura.

En el golf, como en cualquier actividad, la paciencia es como la práctica de un tiro… Tenemos que grabarnos esa huella, para que cuando la necesitemos aparezca de inmediato…

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