COMO LA VIDA MISMA… LEYENDO EL GREEN…

El golf es como la vida diaria en muchos aspectos. Uno de ellos es el green, esa superficie donde nos lo jugamos todo…

leyendo el green

 

El green tiene principalmente dos “malditas particularidades” en su superficie… Primero, la hierba está cortada extremadamente corta para que la pelota corra cuando se ejecuta golpe, al que hay que imprimir la velocidad precisa… Segundo, a la hora de imaginar ese pequeño territorio, los diseñadores de campos de golf hacen gala de una enfermiza aversión a la horizontalidad perfecta, convirtiendo el green en un mar de dudas y asiento de toda zozobra para los jugadores. Las superficies de los greens presentan inclinaciones que la pelota, obediente siempre a la fuerza de la gravedad, se empeña en tomar, alejándose del hoyo.

 

Al decir que en el green nos la jugamos, señalamos otras dos cosas:… el putt es el golpe directo al hoyo por lo que el margen de error se estrecha. Mientras un golpe en el tee de salida o en el fairway permite en multitud de ocasiones un golpe de recuperación que subsane el error, en el green no hay tal. O embocamos o tenemos un golpe más… La segunda cuestión se refiere, precisamente a que cuentan lo mismo un golpe de driver que un putt… Cada uno de ellos cuenta como un golpe.

 

Por eso vemos a los profesionales dar vueltas al hoyo, estudiándolo concienzudamente. Pues, ¿de qué sirve haber llegado al green de dos golpes si nuestra pelota, jugada con el putter se niega a terminar en un hoyo de 108 milímetros de diámetro?

 

Entonces, los profesionales y amateurs se preocupan, con razón, una y otra vez en cada green de ver cuál es la velocidad del mismo y cuál es la caída, es decir, qué inclinación hay en el espacio que separa la pelota del hoyo, hacia dónde y con cuánta inclinación se presenta ese recorrido, esa línea ideal.

 

A todo lo anterior hay que sumar la sensibilidad del propio jugador, es decir, cómo descifra uno la velocidad y caída con la única clave que tiene: nuestra mente de jugador experimentado, y contando con la presión que suframos por lo determinante del golpe y el ansia que esto nos produzca… Con ello el cerebro dará la orden a las manos que ejecutarán el golpe.

 

La meditación y horas de putting green nos llevarán a reducir nuestra media de putts por hoyo, mejorando así sustancialmente nuestro score y nuestra confianza en el resto de nuestro juego.

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