EL MIEDO…

“Cuando me paro en el tee del hoyo uno, se presenta el fantasma del miedo y con él, tener que hacer más de 80 golpes. Pero me tranquilizo pensando que mi nivel de juego me va a proteger”…

miedo

Así se expresaba un profesional, y agregaba “lo mejor que puedo hacer es llegar, bajarme del auto y salir, entonces hago par, par y birdie”.

Los equivalentes del miedo que padecemos ante la expectativa del error, se manifiestan en ansiedad y angustia, y la mayoría de las veces son desproporcionadas respecto del riesgo asumido.

Con frecuencia ante una toma de decisión que involucra riesgo, la ansiedad nos asalta y desencadena el reiterado ciclo del temor, que termina con un doble o triple bogey… No cabe la menor duda que en estas condiciones estamos actuando sobre la base de fracasos anteriores… Es la consecuencia de experiencias frustrantes a la que agregamos la amenaza a la cual debemos enfrentarnos.

Si se cumple, el proceso continúa y comienzan los síntomas de la somatización como pulso y respiración acelerados, contracturas musculares, dolores estomacales, etc.

Aprensiones y temores infundados o exagerados, es patrimonio de personas predispuestas, donde la fragilidad psicológica juega un rol fundamental… Los miedos se construyen sobre la base de la desconfianza y temor a lo desconocido. Tienen que ver con lo imprevisto, suponen riesgo e inseguridad. Desencadenan las obstrucciones habituales que estamos acostumbrados a sufrir, cuando impactamos la pelota con indecisión.

Un tiro ejecutado con miedo es un tiro débil, sin convicción. Es el tiro errado en el fairway o corto en el green. Es el tiro que no podemos dominar, porque la efectividad de los mandatos mentales ha sido perturbada por las emociones negativas.

Cuando se sale a jugar con miedo se nos cierran las puertas a las habilidades adquiridas y sin darnos cuenta estamos retornando a reacciones primitivas. Así, la mesura, la templanza y el comportamiento social son las que más fácilmente se pierden. El miedo es primitivo, prevalece sobre lo recientemente adquirido. En el golf el miedo no protege, incapacita, y la mejor forma de evitarlo es confiar en el nivel adquirido y dejar que el juego surja espontáneo y sin trabas.

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